Es un antiguo molino de viento, construido en 1.861 y donado al Ayuntamiento para convertirlo en Museo Foto-Etnológico. En Munera fueron frecuentes los molinos, llegando a tener cinco de agua y dos de viento dentro del término.

Este molino de viento característico de la Mancha fue en la antigüedad uno de los molinos utilizados para moler los productos agrícolas de la tierra manchega, como trigo, cebada, centeno y otros cereales.

Hoy en día ha sido reconstruido para convertirlo en Museo, nacido con el objeto de rescatar las peculiaridades de los modos de vida, actividades y festividades del pasado de las gentes del municipio. Cuenta con una galería de fotos, recogidas en las tres plantas del antiguo molino. Numerosos objetos antiguos se entremezclan con las más de ciento cincuenta fotografías en blanco y negro donadas por los munereños y que nos hacen recorrer la vida de la Munera de hace unas décadas.

Una máquina de cine antigua, donada por la familia Flores Arjona, y la proyección de videos de los años 60, donados por los hermanos Jiménez, son algunos de los detalles que complementan esta original molineta.

Alrededor del molino hay una zona ajardinada y dos esculturas: una de Don Quijote y otra de Sancho, realizadas en hierro forjado. También se encuentra en la plaza el monumento a los agricultores, haciendo de este lugar un marco de incomparable belleza donde el viajero podrá descansar y refrescarse en su fuente


Fue inaugurada el 15 de agosto de 1.997 y se encuentra situada al final de la calle Adolfo Bas.

 

 

A los pies del mirador hay un gran desnivel y se puede disfrutar contemplando hasta donde la vista alcanza. Es un buen lugar para hacer un tiempo de descanso, ya que está acondicionada con bancos, y disfrutar del bello paisaje que ofrece. 

 

 

Centenario de la Plaza de Toros de Munera (1913-2013)

 


Cien años cumple la Plaza de Toros, un siglo...

Cuántos de nuestros antepasados, se habrán sentado en los tendidos de esta Plaza, donde muchos de nosotros ocupamos hoy esas localidades.

Tardes de sombra y de sol, toreros, trajes de luces, y luces en los ojos; toros, caballos, picadores...Cuántas manos irrumpiendo en aplausos, mantones, pañuelos alzados al viento, claveles, color y música.

Reuniones para preparar una tarde de diversión...Los más entendidos y puristas, con sus puros y sus trajes, a la sombra; los menos, al sol generalmente, con sus cuervas y el otro picoteo, pero todos disfrutando de unas horas de Plaza.

Ver Vídeo conmemorativo de este Centenario

HISTORIA DE LA PLAZA:

Los toros, sus corridas y capeas son una de las tradiciones culturales más arraigadas en España desde hace cientos de años. Victorias militares, nacimientos reales, bodas de estado e incluso buenas cosechas, eran celebradas con corridas de toros esporádicas en todos los rincones del reino, por eso es conocida como la Fiesta Nacional. Como en todas partes, incluyendo las grandes capitales, las corridas se celebraban en las plazas públicas que se cerraban y disponían para el evento.

Antes de la construcción de la Plaza , los festejos taurinos  se realizaban en la plaza del pueblo con carros, en la actual Plaza de la Constitución. Enmarcada por edificios centenarios como el Ayuntamiento, el Casino y la Iglesia Parroquial de San Sebastián, la plaza se rodeaba de carros, galeras y algunas trillas, simulando un ruedo al que accedían los toros por la calle de la Virgen. La gente se agolpaba entre ruedas y carretas para disfrutar del espectáculo de los mozos toreando y esquivando morlacos con la ayuda de los improvisados y originales burladeros de entonces: una simple farola y una tinaja  enterrada a ras de suelo.

Nuestro poeta local Antonio Rosillo Játiva AROJA, gran aficionado a los toros y testigo de estas particulares corridas, compuso una serie  de décimas reales en las que deja constancia de estos eventos. Ver

Pero la ambición de uno de nuestros paisanos fue mucho más allá y no se conformaba con que las corridas se celebrasen en la plaza pública. Quería un lugar para el espectáculo, un lugar donde los toreros pudieran demostrar su arte y valentía y donde los astados pudiesen descargar su bravura. Este paisano fue José Antonio Fornés quien en 1913 decidió construir una plaza de toros totalmente a sus expensas.

En un emplazamiento inmejorable, cerca del Cerro San Cristóbal, Fornés inició las obras de una Plaza de Toros cuadrada por fuera y redonda por dentro. Desconocemos el autor de dicha obra pero sí que desde el primer momento la construcción fue complicada por lo inclinado de la superficie y la celeridad de las obras. Tanto que, a pocos días de la inauguración, se vino abajo uno de los laterales que tuvo que ser reparado y reforzado con contrafuertes por el cantero local Salvador Hernández Torres.

Todo el mundo aportó su granito de arena, pues incluso el propio AROJA sería el encargado de la impresión de las entradas para la corrida de inauguración, desde su México de adopción.

La inauguración del coso tuvo lugar el 22 de septiembre de 1913. José Antonio Fornés, su dueño, ve cumplido su sueño. Por un coste aproximado de 1,50 pesetas, los munereños pudieron ver la lidia de cinco reses de la ganadería de Doña Ramona Flores. El matador protagonista de la tarde fue José Salvador “Pepillo” y su cuadrilla de banderilleros.

Cartel de Inauguración de la Plaza de Toros:

Cartel de Inauguración de la Plaza de Toros de Munera

Con un toque de corneta se inauguraba una nueva era para la Fiesta Nacional en nuestra villa y desde entonces la Feria de Munera alcanzaría un prestigio con el que pocos pueblos de la región podían competir. La plaza estuvo dirigida por diversos empresarios a lo largo de los años, hasta que finalmente  Pedro Fornés, auténtico aficionado taurino, se hizo cargo de ella acometiendo diferentes reformas para su acondicionamiento y mejora.

Un coso con mucha historia en el que se han sucedido destacados eventos que han jalonado de gloria sus cien años de vida. Tras su inauguración en 1913, el siguiente hito de gran importancia para la plaza, es la feria de 1920 cuando se celebraron las primeras novilladas con picadores. La prensa albaceteña de la época señala lo beneficioso que resultó para la feria de ganado de ese año dicha celebración: “tendrán este año más importancia y serán de más esplendor que otros años, ya por las corridas de toros que por primera vez se lidiarán con caballos, ya por el gran mercado o cuerda de ganados para lo que numerosos ganaderos tienen pedido ya su puesto”. Las ganaderías de Damián Flores y de los señores Miramón y Baillo, fueron los que aportaron los toros de lidia a  los diestros Rafael Rubio “Rodalito” y Juan González “Almanseño”.

Otro de los acontecimientos reseñables ocurrido en la Plaza de Toros de Munera, se produjo el 23 de septiembre de 1935,  cuando con un lleno absoluto de público, hizo el paseíllo la señorita torera Luisita Jiménez, anunciada en los carteles como viuda de Atarfeño. La primera torera que pisó la arena de nuestra plaza fue una granadina de 24 años que tras una magistral faena, fue cogida y volteada, por lo que no pudo dar muerte a sus novillos.

 

 

Entrada de la Corrida de Inauguración:

Con anterioridad al año 1960 ya habían actuado en la plaza de toros de Munera importantes matadores, pero siempre lo habían hecho en festivales y por tanto vestidos de corto. Así el domingo 24 de Septiembre de 1961 pasará a la historia como el año en que se celebró la primera corrida de toros de Munera.  Dos matadores albacetenses, José Gómez Cabañero y Emilio Redondo, fueron los encargados de lidiar los toros de la ganadería de Juan Alonso Orduña de Campo de Criptana. El festejo resultó un éxito y los dos matadores salieron a hombros. En 1970, el torero Eusebio de la Cruz recibió la primera alternativa otorgada en Munera. Pero no fue el único, pues a lo largo de los años tres toreros más recibieron la alternativa entre las gradas de nuestra plaza: Manuel de la Paz (1987), Leopoldo Casasola (2001), José María Arenas (2011).


Foto: José María Arenas recibiendo la alternativa de manos de Francisco Rivera “Paquirri”.  Y de testigo“El Fandi”

 

Y es que grandes toreros como Manuel Granero, Vicente Barrera, Pedro Martínez “Pedrés” o Francisco Rivera “Paquirri”, han dado grandes tardes de gloria en la Plaza de Toros de Munera.

Como pequeña joya manchega que es, ha sido visitada por ilustres personalidades y objeto de inspiración de sonetos, pasodobles y obras pictóricas como esta de Benjamín Palencia:


Dibujo realizado "in situ" por Benjamín Palencia en la Feria de 1967 y dedicado a Pedro Fornés.

Actualmente, en la celebración de su centenario se encuentra bajo la dirección de Victor Rubio “Vitín”. Adusta, sencilla, peculiar y coqueta, la Plaza de Toros de Munera se engalanará este año para su aniversario más esperado con el que se convertirá en edificio histórico, testigo de nuestras tradiciones pasadas y de los festejos del futuro.

Entre sus gradas el eco de los vítores, el recuerdo de mugidos, de aplausos y de pañuelos inmaculados mecidos al viento. Viejos “olés”, sonidos de cornetas y pasodobles han enmarcado cientos de  lances, verónicas y manoletinas. Suspiros, gritos y caras ocultas tras manos compungidas han acompañado al torero caído en la arena tras una estocada fallida. Arte tras una muleta, arte tras un capote, arte en la arena de la Plaza de Toros de Munera.

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En 1975, el matrimonio Enrique García Solana y Amparo Gavidia Murcia deciden la construcción de un molino en un paraje en el que, según las investigaciones, se celebraron las Bodas de Camacho, historia novelada por Cervantes en su inmortal libro (capítulos XIX, XX, XXI de la segunda parte del Quijote).

En el molino se celebra el famoso concurso literario Molino Bella Quiteria, que es convocado en el mes de marzo hasta el 31 de mayo. Tras las deliberaciones del jurado, los premios son entregados el primer sábado de julio, en una fiesta que se celebra a la sombra del molino.